Entonces, ¿necesitan tierra las plantas para su supervivencia? Seguramente esta fue la gran pregunta que se hizo Patrick Blanc cuando se dispuso a indagar algo más sobre fachadas ajardinadas. Fue entonces cuando comenzó sus estudios en botánica tropical, completando una tesis sobre la adaptación de la vegetación en los trópicos. Con ella fue premiado por la Academia Francesa de Ciencias en el año 1993. Durante esos años y posteriores, Blanc desarrolló el concepto de jardín vertical.
La respuesta a esa pregunta era clara: no. Para las plantas, el agua y sus minerales son imprescindibles. La tierra, no. Su visión y experiencia le han proporcionado una infinidad de proyectos arquitectónicos en los que se incluye vegetación en formas y lugares que nunca nadie se podría haber imaginado; fachadas, paredes y paneles verticales interiores, por ejemplo. Pero, cómo hacer jardines verticales de forma sencilla y eficiente?
El sistema consiste, básicamente, en un chasis que forma una estructura metálica para poder colgar. De esta manera, se crea una nueva capa y liberamos de afectaciones a la pared original, pues es posible que las raíces acaben dañando ésta, como ha pasado en edificios y templos históricos de manera natural.
La estructura se nutre de una turba vegetal donde van a parar todas las raíces. Esta turba es suficientemente rica como para que, con la ayuda del agua y sus minerales junto con la luz solar, puedan crecer de una manera correcta.